Memoria alimentaria

Durante el embarazo y lactancia, lo que la madre come predispone los alimentos que su hijo seleccionará en el futuro. Es importante llevar una buena dieta para evitar que el niño desarrolle obesidad y otras enfermedades a la larga. Conoce más sobre esta influencia y la importancia de los primeros mil días para al recién nacido.

Memoria alimentaria

El desarrollo de las preferencias gustativas del ser humano inicia en el vientre materno. Cuando la madre consume carbohidratos refinados o grasas saturadas, influye en el sabor que tiene el líquido amniótico. Por eso, si la mujer come determinados alimentos, que forman parte del sabor del líquido amniótico y que el bebé deglute, es lógico que el pequeño se acostumbre a esos sabores.
Tras el nacimiento y durante los primeros seis meses de vida, el bebé tomará exclusivamente la leche materna, la cual también está conformada por todos aquellos alimentos que la madre consume. De esta manera, si la mujer ingiere productos muy calóricos o grasosos, eso mismo le ofrecerá al pequeño.
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Por otra parte, la neurogénesis, circuitos del apetito y de la saciedad, del ser humano se gesta desde el vientre materno y cuando el pequeño ya tomó líquido amniótico y leche materna con ciertos sabores, al consumir los primeros alimentos sólidos, se inclinará por aquellos que le son familiares. Por ello, la madre debe cuidar y elegir cuidadosamente lo que va a comer.
La memoria alimentaria se consolida cuando los hijos se adhieren a los hábitos alimenticios de sus padres, lo que gesta la programación de preferencias alimentarias o gustativas. Si un niño se educa dentro de un patrón alimenticio negativo, es probable que al llegar a la adolescencia o la edad adulta, se presente obesidad, trastornos alimenticios o problemas digestivos.

La importancia de los primeros mil días

Los expertos en desarrollo infantil han detectado que los primeros mil días de vida del bebé son fundamentales para la memoria alimentaria del pequeño. Pero, ¿en qué consisten estos mil días? Se trata de la suma de los días de gestación y los dos primeros años de vida, es decir: 270 días de embarazo + 365 días del primer año + 365 días del segundo año.
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Durante este periodo se pueden hacer cambios importantes, ya que en este tiempo, es posible programar favorablemente o no el funcionamiento de los órganos del ser humano, lo cual lo hará susceptible de estar sano o, por el contrario, enfermo. Por ello, el Médico recomienda que se influya positivamente en las preferencias alimenticias del recién nacido. Aunque la madre no haya consumido nutrientes saludables durante su embarazo, aún tiene los dos primeros años de vida para corregir estos gustos hacia una mejor alimentación.

Fuentes: Arturo Perea Martínez, Coordinador de la Clínica de Obesidad del Instituto Nacional de Pediatría; María Santos.

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