El retorno del hijo pródigo



En los últimos días de su vida, Rembrandt creó un cuadro basado en las parábolas de la misericordia de Lucas (Lc 15, 11-32). Esa pintura la tituló El retorno del hijo pródigo (1662). Cinco siglos después, la misma obra inspiró a los realizadores del manto de la Divina Pastora, en el estado Lara, que la Madre de Dios usó durante la procesión de este año.

Para los expertos en arte, esta obra terminó de consagrar al pintor holandés, por su riqueza de detalles, el dominio absoluto del claros-curo, la exquisita composición y expresión de los personajes. Y, para los especialistas en cristianismo, el cuadro -que se encuentra en el Museo del Hermitage, en Rusia- representa la compasión divina.

También está la tesis de que esta pintura ( de 262 por 206 cm), revela parte de la historia del artista. Se dice que Rembrandt se autorepresenta en las tres figuras protagonistas: El padre ciego que recibe en sus brazos al hijo menor, y la soberbia del hijo mayor.

Esta no fue no fue una obra por encargo, pues Rembrandt la realizó para sí mismo después de la muerte de su mujer y sus hijos, de su ruina económica y el desprestigio profesional, lo que hace suponer que el artista, al final de su vida, ansiaba misericordia.

Claves en la obra

En un reportaje publicado en la edición 25 de la revista Primer Día (mazo, 2002), revelan las claves de la parábola de Lucas representadas por Rembrandt. A continuación extraemos algunas de éstas.

El hijo menor: Tiene la cabeza afeitada, signo de que lo han privado de su individualidad; su rostro es deforme, pequeño y rasurado, que sugiere a un bebé buscando el seno materno. Viste ropas desprolijas y está casi descalzo, evidencia de sus días de infortunio y esclavitud; la espada que cuelga de su cadera recuerda su origen noble; pero, al mismo tiempo, aparece arrodillado y esconde su mirada para no conseguir la de su padre, aquí el artista manifiesta el arrepentimiento del personaje y propio.

El hijo mayor: Está de pie, rígido, inmóvil observando todo, esta expresión se acentúa con el largo bastón que sostiene con sus manos cerradas. La dureza de su rostro muestra su queja e imposibilidad para la alegría. Se parece mucho al padre, ambos tienen barba y usan túnicas rojas, la luz que se proyecta sobre el rostro del hijo está conectada con la cara iluminada del padre. Pero, a pesar de estas semejanzas, estos personajes son muy diferentes.

El padre: Es el auténtico protagonista del cuadro. Su rostro es el único que se muestra íntegro. Sus manos son el epicentro de la pintura, en ellas está concentrada toda la luz, atrayendo las miradas para revelar el signo de la misericordia. La derecha es fina y elegante, parece una mano femenina, mientras que la izquierda es fuerte, masculina que asemeja a la de un padre, así la maternidad y paternidad se conjugan en un gesto de bendición y perdón. Mientras que el manto rojo, simula alas para proteger al hijo menor. (Con información de artecristianoybelleza.blogspot.com)

Fuente:  Notitarde


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